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Albacete
Sonata de invierno
La ciudad con más habitantes de Castilla-La Mancha se presenta como una población joven y moderna. Tanto la urbe como la provincia merecen una visita con otra mirada.
Texto: Antonio Picazo

Desde la altura que alcanza el que fue un antiguo y frustrado depósito de agua de Albacete –hoy es un mirador desde el que se consigue una panorámica de toda la ciudad– se puede observar, a casi setenta metros de altura, cómo se desparrama sobre la llanura una población joven y moderna que cuenta con el mayor número de habitantes (va camino de los doscientos mil) de toda La Mancha. El depósito-mirador se eleva en el corazón de la Fiesta del Árbol, un parque al que, de manera especial, el invierno le sienta admirablemente bien por su soledad, por su lejanía del centro de la ciudad, por el color entre gris y pardo de sus árboles despojados de hojas y por sus estanques helados por el frío de diciembre.

  Debido a su relativa juventud, Albacete no puede contar con monumentos muy antiguos pero, no obstante, sí tiene un buen puñado de edificios neoclásicos, eclécticos o modernistas, sobre todo los que se hallan a lo largo de la calle Marqués Molins y su continuación, la calle Tesifonte Gallego. Al eje que forman ambas calles se le conoce popularmente y desde siempre como la calle Ancha. Esta vía es la principal de la ciudad, y en ella se alzan fachadas de casas y caserones señoriales que ofrecen a Albacete un tono de evocador tiempo pasado. Tal es el caso, entre otros, del Chalet de Fontecha, la Casa Cabot, el Casino Primitivo, la Casa Sanz o el edificio del Colegio Notarial. Pues bien, a uno de los lados de la calle Ancha, entre las calles Mayor y del Tinte, se encuentra la joya de Albacete, posiblemente el espacio más fotografiado por los visitantes de la ciudad, el Pasaje de Lodares. Se trata de una breve travesía modernista que discurre flanqueada de balcones, columnas, arcos, esculturas y, sobre todo, entre esquinas umbrías y rincones claroscuros, todo ello bajo una cubierta de hierro y cristal.

 

El Pasaje de Lodares es una breve travesía modernista que discurre flanqueada de balcones, arcos y columnas

Otra construcción destacable, situada junto a la catedral, es la Casa de Hortelano, neogótica y con una llamativa fachada de color verde. A lo largo del tiempo, este edificio ha sido, entre otras cosas, casa cuna y dependencia de la policía municipal; hoy es la sede del interesante Museo de la Cuchillería.

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