Todos los caminos tienen grabadas las huellas
de la diversidad, pero no es tan frecuente que
en un mismo recorrido confluyan varios caminos
con identidad propia. Esto ocurre en la denominada
Ruta Vía de la Plata, que transcurre en un eje norte-sur
por el occidente peninsular, siguiendo la antigua línea
de ferrocarril y la más reciente carretera N-630 entre
Gijón y Sevilla, convertida en algunos tramos en autovía,
y que recibe el nombre de Ruta de la Plata.
Pero el tramo más genuino y por ende más interesante
de esta ruta es el que transcurre entre la ciudad
extremeña de Mérida y la castellana de Astorga, unidas
desde hace más de dos mil años por una calzada romana
que aún se conserva en buen estado en algunos de
sus tramos. Esta calzada romana, denominada Vía de
la Plata y que da nombre a todo este recorrido turístico ampliado con posterioridad hacia el norte y el sur
peninsular, se creó entre los siglos II y I a. C. con una
finalidad militar. Este eje constituía ya antes un camino
de intercambio comercial y cultural para los pueblos
ibéricos, pero fueron los romanos quienes lo pavimentaron.
Se prolongaba a lo largo de 313 millas romanas
(aproximadamente 463 kilómetros). Los viajeros
que transitaban por la calzada disponían de miliarios
para conocer la distancia recorrida y la restante hasta
el próximo lugar de descanso. Estos hitos de piedra de
forma cilíndrica y grandes dimensiones también ofrecían
información propia de las señalizaciones viarias,
como la época de construcción, el nombre del emperador
reinante o las reparaciones realizadas en el camino.
Actualmente se conservan miliarios en algunos tramos y
constituyen un foco de atención para los turistas.

Otros lugares de interés que surgieron al amparo
de la calzada romana eran los mansíos, espacios destinados
al descanso de los viajeros. Los mansíos fueron
el origen de muchas de las poblaciones extremeñas y
castellanoleonesas actuales. La calzada romana de la
Vía de la Plata destaca por ser la más valiosa de la Península
Ibérica debido a su importante patrimonio arqueológico:
restos del pavimento original, alcantarillas,
miliarios, puentes y pasos de agua,... incluso se conserva
un fortín romano en la Calzada de Béjar (provincia de
Salamanca), construido durante el Bajo Imperio.
Durante el período de apogeo de la Mesta, la Cañada
Real de la Plata se situó parcialmente sobre la
propia calzada romana, siendo utilizada masivamente
para el traslado de ganado hasta la aparición del ferrocarril
y la carretera. La construcción de la línea de
ferrocarril entre Palazuelos y Astorga a finales del siglo
XIX supuso un gran avance en las comunicaciones
entre el norte y el sur peninsular y contribuyó a vertebrar el camino que actualmente conocemos como
Ruta de la Vía de la Plata.