Travesía a una de las nuevas maravillas del mundo
Al Machu Picchu en tren de lujo
Hiram Bingham descubrió hace casi 100 años una ciudad inca perdida en Los Andes. Hoy, Orient
Express ofrece un exclusivo tren de Cusco a la ciudadela con el nombre de este explorador.
 
Texto: Ana Eiroas - Fotos: Orient Express
 

El tren fue pionero en alcanzar lugares remotos y parajes espectaculares. Viajando entre desiertos, selvas tropicales, llanos o montañas, el ferrocarril sirve para comunicar dos puntos lejanos y, a la vez, es un gran teatro en movimiento. Y qué mejor escenario que las verdes y bellas laderas andinas, trayecto en el que el protagonista es el Hiram Bingham, el tren de Perú Rail gestionado por Orient Express que, por 400 euros, conecta la ciudad peruana de Cusco y la ciudadela inca de Machu Picchu, enclavada en la Cordillera de Los Andes peruanos. Bautizado en honor al descubridor de esta maravillosa y mágica herencia de una de las grandes culturas precolombinas, el tren se convierte en la primera parte de una experiencia que culmina en la zona arqueológica y sus ruinas, Patrimonio de la Humanidad.
Antes de llegar, habrá que armarse de mucha paciencia para comenzar una travesía que se inicia en Lima, la capital peruana, para luego recorrer 1.165 kilómetros en dirección sur-este hasta llegar a Cusco (Qosqo, ombligo del mundo en quechua). Los 120 kilómetros que separan la antigua capital del Tahuantinsuyo, o imperio de las cuatro regiones, y Machu Picchu, se pueden recorrer de variadas maneras. Todas incluyen algún tramo en ferrocarril: los más osados pueden revivir parte de los Caminos del Inca –una compleja red de vías que comunicaban todo el imperio desde Quito
hasta Santiago de Chile y confluían en Cusco– bajándose del tren en el kilómetro 88 y desde allí emprender una caminata de cuatro días. Hay agencias que venden viajes en todoterreno o microbús por el Valle Sagrado, recorriendo sus comunidades indígenas, para luego tomar el tren en Ollantaytambo. Aunque el medio preferido es el tren directo desde Cusco hasta Aguas Calientes, el pueblo más cercano a la ciudadela sagrada.

En esta ruta existen tres calidades de servicio y el más lujoso es el Hiram Bingham. El viaje comienza a las 9.00 en la estación de Poroy, a 20 minutos del centro cusqueño. Puntualmente, todos los días a excepción de los domingos, comienzan a moverse los vagones azul metalizados con destellos dorados de este tren que puede transportar hasta 84 pasajeros en sus dos coches-comedor, un coche-bar y un coche-cocina. Asombra el gran nivel de detalle con el que han logrado recrear la elegante tapicería interior al estilo de la lujosa época Pullman de 1920. El viaje se inicia con una breve presentación musical y un aperitivo que precede a un zigzagueo por una empinada pendiente, tras la cual el tren desciende hacia el Valle Sagrado, pasando por coloridos pueblos y exuberantes campos. El traqueteo de la máquina nos acompaña en el descubrimiento de numerosos andenes de cultivos que explican por qué los españoles denominaron Los Andes a la cordillera más famosa y omnipresente de Sudamérica.


A partir de allí, el viaje está salpicado de bellísimas vistas de montañas, así como del hermoso río Urubamba hacia cuya margen se van acercando los raíles, en medio de la más sobrecogedora naturaleza. Aquí, toda la racionalidad de la ingeniería humana para construir caminos choca de frente con la espontaneidad y caos con el que la selva amazónica se desparrama sin sentido. Antiguos senderos que se usaban en el XIX para acarrear caucho hasta Cusco se pierden entre la voracidad de la vegetación que crece a sus anchas. Es la hora de acercarse al coche restaurante para disfrutar de un exótico brunch que entre otras cosas incluye tamales de aceitunas, asado de alpaca, compota de saúco, canelón de espinacas, quinoa y trucha salmonada.

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