Los futuros profesionales de conducción que
está formando la Escuela Técnica Profesional
de Renfe, homologada como Centro de Formación
por la Dirección General de Ferrocarriles, una vez
obtenido el título correspondiente, podrán formar parte
de la plantilla de Renfe o bien de las nuevas empresas
ferroviarias que, con motivo de la liberalización, operan
en competencia en el sector. Fue precisamente cuando
se inició este proceso de apertura del mercado, y con el
desarrollo legislativo posterior que estableció el marco
regulardor para la formación del personal de conducción,
cuando Renfe creó el embrión de un centro de formación
homologado, la actual Escuela Técnica Profesional.
El Centro de Formación, que depende de la Dirección
General de Seguridad, Organización y Recursos
Humanos de Renfe, es un conjunto integrado por
profesionales en la formación de alta cualificación,
recursos materiales tecnológicamente avanzados, una
amplia red de maquinistas colaboradores de prácticas
de conducción y un plan docente adecuado en
contenidos. La Escuela Técnica Profesional de Renfe
está integrada por 17 formadores, 10 en el centro de
Madrid, cinco en Barcelona y dos en Valencia, en este proceso han participado más de 500 maquinistas colaboradores,
instructores de prácticas.

El curso de preparación para el acceso a los exámenes
para la obtención del Título de Conducción de Vehículos
Ferroviarios de Categoría B concluye a finales de junio,
fecha en la que los aspirantes a maquinistas habrán
completado con grandes ilusiones y expectativas 480
horas de formación práctica en conducción efectiva de
vehículos. Durante este primer curso, la Escuela Técnica
Profesional de Renfe forma a 200 aspirantes a maquinistas,
125 en Madrid y 75 en Barcelona, y del total, ocho
son mujeres. En junio comienza el segundo curso de conducción,
en esta ocasión para 150 aspirantes, entre los
centros de Madrid, Barcelona y Valencia.
Cuando se inició el proceso para formar nuevos maquinistas,
Renfe contaba con el primer centro homologado,
de tal forma que legalmente estaba obligada a
asumir la formación de los primeros maquinistas de la
incipiente competencia; obligación que suele ser habitual
para la empresa predominante, al objeto de fomentar
la efectiva liberalización de cualquier sector. Con anterioridad a la puesta en marcha de este proyecto, la
empresa llevaba más de 20 años sin formar nuevos maquinistas
y, en aquel momento, la responsabilidad de la
tarea recaía, en gran medida, en el ejército (promociones
de militares en prácticas).
El formador y auditor en la etapa de prácticas,
José Jiménez Cano, manifiesta que a partir del programa,
definido por la Orden Ministerial 2520/2006,
la Escuela Técnica Profesional ha tenido como misión
transmitir y enseñar el máximo conocimiento posible
en el calendario establecido porque “es el periodo del
que disponemos para ofrecerles una perspectiva lo más
global posible en las distintas materias, antes de iniciar
las prácticas. En un futuro, ya tendrán tiempo para especializarse
en distintas parcelas”.

Y transcurridos nueve meses desde el inicio del curso,
el 1 de octubre de 2007, la alumna Rocío Gómez,
de 30 años, valora que “se han cubierto todas mis expectativas,
incluso se han superado, ya que el índice de
contenidos impartido ha sido muy completo y extenso”.
En total, el curso ha constado de 1.150 horas, de las
que 530 han estado dedicadas a la teoría y 620 a la práctica.
Además de poner un especial énfasis en la normativa
de seguridad y en el reglamento general de circulación,
los contenidos teóricos del curso se han estructurado
en distintas materias relacionadas con el sistema ferroviario;
la infraestructura y la red de interés general; la prevención de riesgos laborales; el material rodante; la
adaptación a vehículos de tracción; así como los diversos ámbitos operativos y las consignas de trabajo. Entre estas
materias, el alumno Alejandro Gutiérrez, de 28 años,
subraya que “el reglamento es el contenido fundamental
del curso, que hay que cumplir a rajatabla y, por tanto, la
parte a la que hay que dedicar más horas de estudio”.

Para conseguir una mayor calidad formativa y con ella,
la completa asimilación de los conocimientos por parte
de los alumnos, estos contenidos teóricos se han combinado
con ejercicios prácticos en los simuladores de las
aulas tecnológicas de la escuela: dos en Madrid, cada
una dispone de tres puestos de alumno y uno de instructor;
y otras dos aulas en Barcelona, con dos puestos
de alumno y uno de instructor, cada una. Tal y como
explica el formador José Manuel García del Río, profesional
de Renfe desde 1976, estos simuladores de conducción,
desarrollados por la empresa Lander, permiten
la aplicación práctica de la reglamentación, así como la
familiarización de los alumnos con los mandos de la cabina.
También afianzan el aprendizaje y la actuación en
situaciones especiales, que por su complejidad o riesgo
difícilmente pueden llevarse a cabo en un tren real.
Para el alumno Alejandro Moreno, la realización
de prácticas en simuladores y las denominadas prácticas como terceros –observador en la cabina de un
tren– han resultado las asignaturas “más interesantes
del curso, porque te acercan a la realidad del tren.
Ahora esperamos impacientes el día en el que podamos
conducir como maquinistas y tengamos toda la
responsabilidad de la circulación de un tren”.
Concluido el bloque teórico, los aspirantes comenzaron
en el mes de marzo la formación práctica de
conducción de vehículos, que representa un 41,74%
del total del curso.
“El aprendizaje de la conducción de trenes reales
supone la puesta en práctica de todos los conocimientos
aprendidos hasta el momento”, explica la madrileña
Rocío Gómez, que recuerda “cómo me temblaban
las piernas el primer día que me senté a los mandos de
un tren diésel de media distancia, con la sensación de
que había olvidado los conocimientos aprendidos en
meses anteriores. Sin embargo, el miedo escénico se
pierde con la práctica”. A su vez, el alumno Alejandro
Moreno, de 20 años, describe también que “la ilusión
y el nerviosismo” protagonizaron su estado de ánimo
durante los primeros días a los mandos de un tren.
En esta etapa formativa de conducción de vehículos
ferroviarios, cada aspirante tiene asignado como instructor
a un maquinista, que ejerce las funciones de “informar,
tutelar y dirigir las prácticas, así como enseñarles las peculiaridades
de cada vehículo y el oficio de maquinista en
general”, explica Julio Quintanilla, maquinista de Cercanías
desde hace 16 años e instructor de Rocío Gómez, que hace hincapié en la gran responsabilidad de este trabajo
de instructor, al que se presentó voluntariamente como“un reto personal y con la mayor satisfacción de poder ver
después a los alumnos conducir solos un vehículo”.
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“El aprendizaje de la conducción de trenes reales
supone la puesta en práctica de todos los conocimientos
aprendidos hasta el momento”, explica la madrileña Rocío Gómez, que recuerda “cómo me temblaban
las piernas el primer día que me senté a los mandos de
un tren diésel de media distancia, con la sensación de
que había olvidado los conocimientos aprendidos en
meses anteriores. Sin embargo, el miedo escénico se
pierde con la práctica”. A su vez, el alumno Alejandro
Moreno, de 20 años, describe también que “la ilusión
y el nerviosismo” protagonizaron su estado de ánimo
durante los primeros días a los mandos de un tren.
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En esta etapa formativa de conducción de vehículos
ferroviarios, cada aspirante tiene asignado como instructor
a un maquinista, que ejerce las funciones de “informar,
tutelar y dirigir las prácticas, así como enseñarles las peculiaridades
de cada vehículo y el oficio de maquinista en
general”, explica Julio Quintanilla, maquinista de Cercanías
desde hace 16 años e instructor de Rocío Gómez, que hace hincapié en la gran responsabilidad de este trabajo
de instructor, al que se presentó voluntariamente como“un reto personal y con la mayor satisfacción de poder ver
después a los alumnos conducir solos un vehículo”.
Algunos de los formadores más cualificados
Segunda promoción externa
Didáctica y gestión del curso