El 11 de junio, Renfe comenzó la explotación
comercial del núcleo de cercanías de Zaragoza,
que inició su actividad mediante la puesta
en servicio de la línea C-1 con objeto de atender las necesidades
de movilidad interna del entorno de la capital
aragonesa. “Queremos ser la opción de referencia para
el transporte en Zaragoza. Nuestra intención es que la
gente pruebe el servicio, le guste y se habitúe al sistema
de cercanías”, asegura el jefe de Núcleo, que depende
de la Dirección de Cercanías Urbanas e Interurbanas de
Renfe, Rafael Lázaro, quien dirige un equipo de 14
trabajadores (un mando intermedio, siete maquinistas
y seis interventores) y reconoce también que “la Expo
ha hecho que tengamos más clientes”.
Esta puesta en funcionamiento ha supuesto el desarrollo
del duodécimo núcleo de cercanías en España y el
establecimiento en Aragón de un modelo de transporte
alternativo a la carretera con altos índices de calidad,
comodidad, seguridad, fiabilidad y puntualidad, como
es el servicio de Renfe Cercanías. De hecho, los datos
de la primera semana de servicio arrojan un índice de
puntualidad del 99,6%. Así lo confirma José Lahuerta,
maquinista principal, que afirma que “el servicio está
funcionando bien, prácticamente sin retrasos ni incidencias.
Yo creo que los clientes están contentos y que cada
vez tendremos más ocupación de plazas en los trenes”.
La primera línea del núcleo, la C-1, utiliza como infraestructura
el trazado convencional de la conexión Madrid-Barcelona y tiene un recorrido de 16 kilómetros que
discurre entre las estaciones de Casetas, al Noroeste, y
Miraflores, al Sureste, para lo cual se invierten 21 minutos
de tiempo de viaje. Entre medias, hay otras tres estaciones
más: Utebo, Delicias (que se configura como un gran
centro intermodal con servicios de alta velocidad, larga y
media distancia, y estación de autobuses) y Portillo. Está
previsto que en una fase posterior se ponga en servicio
la céntrica estación de Goya, que dada su complejidad
técnica, requiere de más tiempo para su construcción.

Las cinco estaciones están dotadas de la última tecnología
en los controles de acceso, en la expedición de
los billetes, así como en la orientación y transmisión
de la información a los clientes. Renfe ha instalado en
cada una de ellas controles de acceso (por lo que el
núcleo de Zaragoza es cerrado), máquinas autoventa y
sistemas de señalización y megafonía avanzados. Además,
estos últimos se han reforzado con personal de
información y atención al cliente.
Antonio Oliva es uno de los interventores que trabaja
en el núcleo. Sus funciones son el control de los billetes,
la supervisión del correcto funcionamiento de los
elementos automáticos y la atención del cliente, “fundamental
en estos primeros días”, para lo cual él y sus compañeros han recibido un curso formativo. Antonio
Oliva, que antes realizaba su tarea en servicios de media
distancia, cuenta que “el servicio de cercanías está
teniendo una buena aceptación. Ya hemos tenido algunos
días que el tren iba lleno. Hay muchos clientes que
viajan con nosotros por la expectación que ha generado
en la zona. La gente de Zaragoza tiene curiosidad por
probar los trenes de cercanías y nuestro trabajo consiste
en que queden satisfechos”.