El ferrocarril transportó el año pasado en Portugal
algo más de 136 millones de pasajeros y 9
millones y medio de toneladas, con crecimientos
moderados en ambas actividades del 2% y el 1%,
respectivamente. Desde hace una década el sistema ferroviario
del país vecino pugna por su modernización, en
buena medida animado por los evidentes resultados positivos
que advierte en la extensión de la red de alta velocidad
en España y el compromiso de conectar mediante
un tren veloz Lisboa con Madrid y Oporto con Vigo.
Desde abril de 1997 tiene separadas en dos empresas
independientes la gestión de la infraestructura y la
de los servicios. REFER (Rede Ferroviaria Nacional) tiene
asignada la función de gestor e impulsor del desarrollo
de las vías del tren convencional y alta velocidad. CP
(Caminhos de Ferro Portugueses) tiene encomendada la
explotación de los servicios de transporte ferroviario.
Este modelo se ha ampliado con la introducción en
1999 de un operador privado, Fertagus, que presta servicios
en un nuevo eje norte-sur del área metropolitana
de Lisboa. En el transporte de mercancías también se
han iniciado los primeros movimientos de liberalización
con la licencia de operador concedida a Takargo, filial de
Mota-Egil, un grupo especializado en el diseño, construcción,
mantenimiento y gestión de servicios, equipamientos
e infraestructuras, que comenzó a operar en mayo.

La marcha del proceso de modernización del ferrocarril
luso, sin embargo, no termina de tomar velocidad de
crucero y, según las estimaciones de la UIC, a comienzo
del ejercicio actual tenía planificada la extensión de
la red de alta velocidad en 1.006 kilómetros de nueva
planta, pero aún carece de tramos en construcción.
Para remediar esta situación el Gobierno de Lisboa
ha lanzado un Plan de Infraestructuras que se
marca un horizonte de actuación en el año 2015 y
tiene como objetivo aumentar, al menos, en un 10%,
el número de usuarios del tren y en un 70% los pasajeros
por kilómetro.