En tren por La Rioja
Una parada con sabor a tinto
El vino es casi como el agua en La Rioja. Un elemento identificativo de la tierra que ha progresado junto a la evolución de su principal medio de transporte: el ferrocarril.
 
Texto: Helena R. Aldea
 

No sería de extrañar que Dioniso, el dios griego del vino, tuviera algo que ver con la evolución de las tierras riojanas. Hoy, la comunidad bañada por el río Ebro es conocida por ser sinónimo del buen vino y el buen gusto. Un desarrollo
que no hubiese sido posible sin el progreso de los medios de transporte, y en especial del ferrocarril. La vinculación histórica que ha existido entre el tren y el vino, se descubre a simple vista viajando por la región. Alrededor de las vías del tren, los viñedos acompañan el trayecto y las bodegas se van congregando por los municipios que cuentan con estación.
La historia del vino de Rioja comienza en el valle del Ebro, canal por el que llegaron las influencias de la cultura vitivinícola desde diferentes pueblos mediterráneos. Más tarde, los monjes se convirtieron en los principales portavoces del cultivo de la vid. El poeta Gonzalo de Berceo, clérigo secular y notario del monasterio de Suso, en la localidad riojana de San Millán de la Cogolla, ya hacía referencia al vino en sus versos. Su obra maestra Los Milagros de Nuestra Señora, del siglo XIII, fue uno de los primeros documentos encontrados en lengua castellana en mencionarlo.


Sin embargo, las relaciones más estrechas fueron las mantenidas con los viticultores franceses. A mediados del siglo XIX el método de elaboración y envejecimiento de los vinos en barricas de roble se basaba en una técnica extraída de Francia denominada el modo bordelés. Fue con la aplicación de estas nuevas corrientes cuando se crearon en La Rioja las bodegas más notorias, princinpalmente en el corredor del Ebro entre Haro y Logroño, una zona a la que se denomina La Rioja Alta.

Al mismo tiempo, la implantación del ferrocarril ha sido tan importante que el criterio predilecto para levantar las grandes bodegas era escoger los lugares cercanos a las estaciones de tren. Gracias a esto, La Rioja fue la primera región en España que empezó a exportar vino al resto del mundo. Hoy la comunidad está salpicada con 668 bodegas incluidas en la Denominación de Origen Calificada Rioja, y municipios como Fuenmayor, Cenicero, Torromontalbo o Briones componen el paisaje de viñedos y bodegas que cercan las vías de ferrocarril a su paso por la región.
El ejemplo más significativo de la relación histórica entre tren y vino lo encontramos en la localidad de Haro. El barrio de la estación, conocido también como el barrio de las bodegas, es un espacio mítico que recoge la mayor concentración de centenarias empresas vitivinícolas del mundo, como las Bodegas Bilbaínas, pertenecientes al Grupo Codorniu; La Compañía Vinícola del Norte de España (CVNE), con más de 125 años de historia; las bodegas Gómez Cruzado,
fundadas en 1886 por el duque de Moctezuma; las instalaciones de La Rioja Alta, creada por cinco viticultores vascos y riojanos, o las más antiguas de la localidad, las bodegas López de Heredia.

Un viaje al pasado en el tren-pranillo

 
 
 
Editorial
Portada
Noticias
Innovamos
Nuestros negocios
Responsabilidad
Noticias del sector
Internacional
Cultura


made by FreeFind