El ferrocarril ofrece sus principales ventajas
y capacidades en recorridos y destinos separados entre sí por menos de 600 kilómetros.
Las compañías aéreas de bajo coste, por su parte, demuestran eficacia en trayectos cuyas distancias se sitúan desde los 700 hasta los 2.500 kilómetros. Los tráficos en los que están rompiendo el mercado se establecen en vuelos directos entre las grandes ciudades europeas o con puntos turísticos
de alta densidad de tráfico potencial. Aunque las redes de alta velocidad ferroviaria paneuropeas llegarán a desplegarse al fuerte ritmo que ahora está previsto, falta demostrar en la práctica que los trenes de alta velocidad de la Unión Europea puedan competir con las flotas de aviones, tanto de las compañías tradicionales como las de bajo coste, en conexiones entre Londres y Barcelona,
Madrid y París o Frankfurt y Málaga.

Desde el punto de vista de los tráficos que cubren, el tren y las compañías aéreas de bajo coste son alternativas de transporte complementarias. Las grandes aerolíneas tradicionales de red hacen muy bien en temer el éxito que actualmente ambos tienen
en el mercado, ya que el ferrocarril (sobre todo el de alta velocidad) en un país como España, puede
terminar absorbiendo el 75 por ciento de los tráficos domésticos que hoy controla la aviación, según los estudios de mercado elaborados por la compañía Iberia.
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| Por su parte, las low cost están atacando rutas internacionales de alta densidad y dejan como único mercado para las viejas compañías aéreas de bandera las rutas transcontinentales que, necesariamente, deben articularse mediante la construcción y el uso de hubs (centros de conexiones como el nuevo aeropuerto de Madrid) con gran aportación de tráficos en red. |
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La calidad del servicio que se ofrece a bordo a los pasajeros es un aspecto que diferencia de forma radical las habilidades del tren y las de las emergentes
aerolíneas de bajo coste. Las low cost tienen como seña de identidad explotar sus vuelos ahorrando
de principio a fin la parafernalia de facilidades
que ha distinguido durante años la explotación de los vuelos por las compañías aéreas tradicionales;
desde el reparto de periódicos al servicio de un refrigerio. Uno de los parámetros en los que estas empresas son más ahorradoras es en el espacio que se ofrece a cada uno de los pasajeros. La necesidad de incrementar el número de usuarios por avión ha llevado hasta la exageración la densificación de los viajeros en sus aparatos.


Por el contrario, los nuevos trenes no tienen problemas en la tarea de arrancar unos centímetros cuadrados al espacio que ofrecen a cada pasajero. Cualquier tren moderno entrega a cada uno de sus clientes un 60 por ciento más de espacio que cualquier
compañía aérea (de bajo coste o tradicional) en su clase turista.
El español acepta las estrecheces de las ‘low cost’