La literatura ha recorrido miles, se podría decir incluso que milones, de kilómetros a través de la vía férrea
de papel. El tren ha sido escenario de encuentros sorprendentes, de robos y asesinatos,
de extrañas partidas de ajedrez, y ha servido de medio de transporte hacia lugares llenos de magia.
Gracias a los libros, los lectores han tenido la oportunidad de realizar viajes sorprendentes repletos de aventuras por paisajes únicos. Paul Theroux se ha puesto a los mandos de varias máquinas ferroviarias
y, junto a él, el lector ha viajado cómodamente desde su sillón por China, Extremo Oriente, Turquía, la Patagonia o Siberia en trenes con un sabor especial.