El tren sueña con Marco Polo
La intermodalidad es una apuesta de la Unión Europea para conseguir un transporte más racional y ecológico.

 
Texto: Antonio Carballo - Ilustración: José Luis Ágreda
 

La política de transportes de la Unión Europea se centra en la interoperabilidad, y una muestra de ello son los programas Marco Polo. El tráfico de mercancías en el continente se realiza en su mayor parte por carretera, lo que contribuye de forma considerable a la producción de CO2 y la congestión de las infraestructuras. La solución consiste en integrar en la cadena logística el transporte marítimo de corta distancia, el transporte ferroviario y el transporte fluvial, es decir, la intermodalidad. Sobre estos principios se ha diseñado el programa Marco Polo, una ayuda financiera que se otorga a aquellos proyectos que sirvan para desviar las mercancías del transporte por carretera a otros modos más respetuosos con el medio ambiente.


Marco Polo II es una versión ampliada del primer programa de ayudas creado en 2003. Una evaluación externa desveló que Marco Polo I no alcanzó el 64% de su objetivo de transferencia entre modos de transporte. Además, los resultados de la convocatoria de 2008 confirmaron una disminución del interés del sector del transporte de mercancías ante el reto de la intermodalidad. Como primer paso para lograr que la carretera no absorba la mayoría de los 20.000 millones de toneladas kilómetro que se prevén como volumen adicional de mercancías en un futuro inmediato, la Comisión Europea ha delegado la gestión del programa a la Agencia Ejecutiva de Competitividad e Innovación.

 
 
 
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