La política de transportes de la Unión Europea
se centra en la interoperabilidad, y una muestra
de ello son los programas Marco Polo. El
tráfico de mercancías en el continente se realiza en su
mayor parte por carretera, lo que contribuye de forma
considerable a la producción de CO2 y la congestión de
las infraestructuras. La solución consiste en integrar en
la cadena logística el transporte marítimo de corta distancia,
el transporte ferroviario y el transporte fluvial,
es decir, la intermodalidad. Sobre estos principios se ha
diseñado el programa Marco Polo, una ayuda financiera
que se otorga a aquellos proyectos que sirvan para desviar
las mercancías del transporte por carretera a otros
modos más respetuosos con el medio ambiente.


Marco Polo II es una versión ampliada del primer programa
de ayudas creado en 2003. Una evaluación externa
desveló que Marco Polo I no alcanzó el 64% de
su objetivo de transferencia entre modos de transporte.
Además, los resultados de la convocatoria de 2008
confirmaron una disminución del interés del sector del
transporte de mercancías ante el reto de la intermodalidad.
Como primer paso para lograr que la carretera no
absorba la mayoría de los 20.000 millones de toneladas
kilómetro que se prevén como volumen adicional de
mercancías en un futuro inmediato, la Comisión Europea
ha delegado la gestión del programa a la Agencia
Ejecutiva de Competitividad e Innovación.