La actual situación de crisis económica está afectando a
numerosos sectores productivos y de servicios en todo el
mundo, entre ellos el del transporte. En España, todos los
modos, incluido el ferrocarril, llevan meses registrando descensos
en las cifras de viajeros transportados, lo que en el caso de Renfe se agrava
también a causa de la caída que se ha producido en los tráficos de mercancías.
Todo ello está provocando que los resultados de la empresa no se correspondan
con los fijados en el Contrato Programa 2006-2010. En este contexto, el presidente
de Renfe, Teófilo Serrano, toma la palabra para señalar que la empresa debe
afrontar con decisión, desde la profesionalidad de sus trabajadores, los próximos
desafíos: la liberalización del sector, pasando por la consolidación de los contratos
con la administraciones públicas dentro de nuestro país, y llegando incluso a la
prestación de servicios más allá de nuestras fronteras.
No se ha cumplido un semestre desde su incorporación a Renfe. Brevemente, ¿cuál ha sido su primera impresión?
Uno se siente impresionado por estar en una empresa con la tradición y la trayectoria
de Renfe, que ha experimentado una adaptación extraordinaria en los últimos tiempos. La idea que se tenía hace unos años de Renfe y
la que actualmente tiene la mayor parte de los ciudadanos
son completamente diferentes. Renfe es una empresa absolutamente
moderna, con unos servicios de cercanías y
de alta velocidad que son un ejemplo y que está adaptada
al uso de nuevas tecnologías en el ferrocarril. Es una gran
empresa y, sin duda, eso es lo que tiene que seguir siendo
en el futuro, y no sólo en España, sino en el mundo. Creo
que tenemos que ser de las tres o cuatro empresas europeas
de referencia en nuestro sector que, dejando aparte
Japón, es tanto como decir en el mundo.
La liberalización del sector se ha producido en
mercancías de forma tímida, y seguimos pendientes
de lo que va a pasar en el sector viajeros. ¿Cómo
cree que debe posicionarse Renfe en este terreno?
Mi impresión es que algunos de los que estamos más
capacitados para hablar de liberalización somos los que
trabajamos en el ferrocarril. Y desde ese punto de vista,
Renfe como empresa tiene y tendrá mucho que decir en
este proceso. Además, pienso que es la forma por la que
podremos garantizar que en un futuro, con liberalización
o sin ella, seamos la empresa que queremos ser. No debemos,
por tanto, estar callados en este terreno, sino que
tenemos que dar nuestra opinión y ser capaces de plantear
un modelo futuro de ferrocarril en el que estemos
presentes, jugando ese papel protagonista al que me
refería antes, tanto en España como fuera.
En ese contexto de liberalización, ¿cuál debe ser
nuestra posición en servicios considerados públicos
y en aquellos en los que debemos ser rentables?
Hay servicios de viajeros que son de interés público y,
por ello, hay una autoridad que acuerda que se presten
en una determinada cantidad y a un precio establecido.
Este tipo de servicios de viajeros son rentables socialmente, pero no desde el punto de vista financiero de la
empresa. Para eso, las administraciones públicas que los
encargan tienen que compensar mediante subvenciones
a los operadores, en este caso a Renfe. Hay otros servicios,
en cambio, en los que somos líderes –no sólo en
España como se está reconociendo– y así lo vemos reflejado
a través del interés que empresas y organismos del
transporte de otros países están mostrando por nuestro
modelo de explotación del tren. Estos servicios sí pueden
gestionarse con un criterio más de mercado porque no
tienen este componente de servicio público. En ellos tenemos
la obligación de que se produzcan unos retornos
para la empresa que nos permitan evolucionar tecnológica
y financieramente, de manera que seamos un operador
sólido y bien asentado.

Ha manifestado en alguna ocasión que Renfe debe
optar a concursos de servicio público para operar
fuera de España.
Absolutamente. Es decir, si queremos ser una empresa
que cuenta en el mundo entre las tres o cuatro más importantes,
tenemos que salir de España a hacer lo que
sabemos hacer, que es gestionar servicios considerados
de interés público, en el caso principalmente de cercanías
y servicios que deben ser rentables, como los servicios de
alta velocidad. Estoy convencido de que en los dos campos
tenemos mucho que decir. Hay países en Europa que
han avanzado en el terreno de la liberalización y que convocan
concursos para prestar estos servicios. En Renfe
estamos preparándonos para ser un concursante más, y
lo hacemos con la confianza de que tenemos posibilidades
de ganar y gestionar nuevos servicios. La prueba es
que hemos hecho una indicación de participar en concursos
de algún país, y nos han hecho llegar el interés de que
Renfe esté en ese proceso. Esto quiere decir que ya se
nos reconoce incluso sin estar. Cuando estemos, será por
tanto mucho más importante el reconocimiento, que tiene
su origen en el trabajo que hacemos en España, pero que
lógicamente debe tener mayor fundamento a través de
nuestra presencia fuera. Por eso reitero que quiero optar
a estar presente en la gestión de servicios ferroviarios de
otros países europeos: Inglaterra, donde existe una gran
competencia, Francia o Alemania. Y también podemos
optar a trasladar nuestro modelo de cercanías a Europa y
fuera de ella. Y esto pasa por concursar.
Otro aspecto muy presente, y que suscita grandes
expectativas dentro de la propia organización, son,
como puede imaginar, las transferencias de servicios
ferroviarios a las comunidades autónomas y, en
concreto, el 1 de enero de 2010 de los servicios de
Cercanías a la Generalitat. Es una cuestión política
pero, ¿qué papel debe tener Renfe?
Éste es un asunto en el que nosotros poco tenemos
que decir, cuando las decisiones están en el Gobierno. En este caso, los Estatutos establecen unas reglas de
funcionamiento que los poderes públicos aplican. Es
una nueva realidad para Renfe, en la que se produce un
cambio respecto a la autoridad ferroviaria con la que trabajamos.
Pero creo, sinceramente, que no la debemos
vivir con una especial inquietud. En lo que se refiere a
servicios con obligación de servicio público, no debemos
tener ningún problema en trabajar para una u otra administración,
siempre y cuando los contratos sean claros,
justos y haya un reparto de riesgos razonable entre la autoridad
competente en cada caso y Renfe. Estamos ahora
mismo inmersos en el proceso de Cataluña y, por el
camino que llevan las conversaciones con la Generalitat,
estamos más que convencidos de que vamos a prestar el servicio de Cercanías de Cataluña durante mucho tiempo.
El objetivo que debemos perseguir en este sentido
es ser el operador de referencia para las demás administraciones
públicas, con el fin de que, se haya producido
o no la liberalización o haya habido o no transferencias,
Renfe continúe prestando el servicio público.