Entrevista con el presidente de Renfe
“Renfe tiene mucho que decir en la
liberalización del ferrocarril”

Renfe ha puesto en servicio 32 nuevos trenes eléctricos 449 y diésel 599, específicamente diseñados para servicios de Media Distancia, que están consolidando un nuevo producto MD, más atractivo, fiable y moderno.
Texto: Beatriz Lamas y Nacho Guisasola - Fotos: Patier
 

La actual situación de crisis económica está afectando a numerosos sectores productivos y de servicios en todo el mundo, entre ellos el del transporte. En España, todos los modos, incluido el ferrocarril, llevan meses registrando descensos en las cifras de viajeros transportados, lo que en el caso de Renfe se agrava también a causa de la caída que se ha producido en los tráficos de mercancías. Todo ello está provocando que los resultados de la empresa no se correspondan con los fijados en el Contrato Programa 2006-2010. En este contexto, el presidente de Renfe, Teófilo Serrano, toma la palabra para señalar que la empresa debe afrontar con decisión, desde la profesionalidad de sus trabajadores, los próximos desafíos: la liberalización del sector, pasando por la consolidación de los contratos con la administraciones públicas dentro de nuestro país, y llegando incluso a la prestación de servicios más allá de nuestras fronteras.

No se ha cumplido un semestre desde su incorporación a Renfe. Brevemente, ¿cuál ha sido su primera impresión?
Uno se siente impresionado por estar en una empresa con la tradición y la trayectoria de Renfe, que ha experimentado una adaptación extraordinaria en los últimos tiempos. La idea que se tenía hace unos años de Renfe y la que actualmente tiene la mayor parte de los ciudadanos son completamente diferentes. Renfe es una empresa absolutamente moderna, con unos servicios de cercanías y de alta velocidad que son un ejemplo y que está adaptada
al uso de nuevas tecnologías en el ferrocarril. Es una gran empresa y, sin duda, eso es lo que tiene que seguir siendo
en el futuro, y no sólo en España, sino en el mundo. Creo que tenemos que ser de las tres o cuatro empresas europeas de referencia en nuestro sector que, dejando aparte Japón, es tanto como decir en el mundo.

La liberalización del sector se ha producido en mercancías de forma tímida, y seguimos pendientes de lo que va a pasar en el sector viajeros. ¿Cómo cree que debe posicionarse Renfe en este terreno?
Mi impresión es que algunos de los que estamos más capacitados para hablar de liberalización somos los que trabajamos en el ferrocarril. Y desde ese punto de vista, Renfe como empresa tiene y tendrá mucho que decir en este proceso. Además, pienso que es la forma por la que podremos garantizar que en un futuro, con liberalización o sin ella, seamos la empresa que queremos ser. No debemos, por tanto, estar callados en este terreno, sino que tenemos que dar nuestra opinión y ser capaces de plantear un modelo futuro de ferrocarril en el que estemos presentes, jugando ese papel protagonista al que me refería antes, tanto en España como fuera.

En ese contexto de liberalización, ¿cuál debe ser nuestra posición en servicios considerados públicos y en aquellos en los que debemos ser rentables?
Hay servicios de viajeros que son de interés público y, por ello, hay una autoridad que acuerda que se presten en una determinada cantidad y a un precio establecido. Este tipo de servicios de viajeros son rentables socialmente, pero no desde el punto de vista financiero de la empresa. Para eso, las administraciones públicas que los encargan tienen que compensar mediante subvenciones a los operadores, en este caso a Renfe. Hay otros servicios, en cambio, en los que somos líderes –no sólo en España como se está reconociendo– y así lo vemos reflejado a través del interés que empresas y organismos del transporte de otros países están mostrando por nuestro modelo de explotación del tren. Estos servicios sí pueden gestionarse con un criterio más de mercado porque no tienen este componente de servicio público. En ellos tenemos la obligación de que se produzcan unos retornos para la empresa que nos permitan evolucionar tecnológica y financieramente, de manera que seamos un operador sólido y bien asentado.

Ha manifestado en alguna ocasión que Renfe debe optar a concursos de servicio público para operar fuera de España.
Absolutamente. Es decir, si queremos ser una empresa que cuenta en el mundo entre las tres o cuatro más importantes, tenemos que salir de España a hacer lo que sabemos hacer, que es gestionar servicios considerados de interés público, en el caso principalmente de cercanías y servicios que deben ser rentables, como los servicios de alta velocidad. Estoy convencido de que en los dos campos tenemos mucho que decir. Hay países en Europa que han avanzado en el terreno de la liberalización y que convocan concursos para prestar estos servicios. En Renfe estamos preparándonos para ser un concursante más, y lo hacemos con la confianza de que tenemos posibilidades
de ganar y gestionar nuevos servicios. La prueba es que hemos hecho una indicación de participar en concursos de algún país, y nos han hecho llegar el interés de que Renfe esté en ese proceso. Esto quiere decir que ya se nos reconoce incluso sin estar. Cuando estemos, será por tanto mucho más importante el reconocimiento, que tiene su origen en el trabajo que hacemos en España, pero que lógicamente debe tener mayor fundamento a través de nuestra presencia fuera. Por eso reitero que quiero optar a estar presente en la gestión de servicios ferroviarios de otros países europeos: Inglaterra, donde existe una gran competencia, Francia o Alemania. Y también podemos optar a trasladar nuestro modelo de cercanías a Europa y fuera de ella. Y esto pasa por concursar.

Otro aspecto muy presente, y que suscita grandes expectativas dentro de la propia organización, son, como puede imaginar, las transferencias de servicios ferroviarios a las comunidades autónomas y, en concreto, el 1 de enero de 2010 de los servicios de Cercanías a la Generalitat. Es una cuestión política pero, ¿qué papel debe tener Renfe?
Éste es un asunto en el que nosotros poco tenemos que decir, cuando las decisiones están en el Gobierno. En este caso, los Estatutos establecen unas reglas de funcionamiento que los poderes públicos aplican. Es una nueva realidad para Renfe, en la que se produce un cambio respecto a la autoridad ferroviaria con la que trabajamos. Pero creo, sinceramente, que no la debemos vivir con una especial inquietud. En lo que se refiere a servicios con obligación de servicio público, no debemos tener ningún problema en trabajar para una u otra administración, siempre y cuando los contratos sean claros, justos y haya un reparto de riesgos razonable entre la autoridad competente en cada caso y Renfe. Estamos ahora mismo inmersos en el proceso de Cataluña y, por el camino que llevan las conversaciones con la Generalitat, estamos más que convencidos de que vamos a prestar el servicio de Cercanías de Cataluña durante mucho tiempo. El objetivo que debemos perseguir en este sentido es ser el operador de referencia para las demás administraciones públicas, con el fin de que, se haya producido o no la liberalización o haya habido o no transferencias, Renfe continúe prestando el servicio público.

 
 
 
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