Renfe, bajo su estrategia de Responsabilidad
Social, inició una campaña
solidaria con 12 ONG llamada Un tren
de valores para un mundo mejor, a
través de la cual se recauda dinero para un proyecto específico
de cada organización. Y de pronto leo que uno de
ellos es montar una radio en El Salvador. Primera reacción:
yo quiero ir. Pasada la emoción inicial, te planteas: el dinero
del viaje, el gasto que generas al país, ser realmente útil.
Primera llamada a RSC para conseguir el contacto
de Ayuda en Acción, ONG que está llevando a cabo la
implantación y formación de profesionales para la radio
independiente La Voz del Sur; primera alegría al recibir
tanto apoyo de los compañeros para hacer posible mi
viaje. Segunda alegría, contactar con el coordinador del
proyecto en El Salvador y empezar a preparar la que ya
apuntaba a ser una de las mejores experiencias de mi
vida. Viaje relámpago a Madrid para hacer un curso de dos
días de voluntariado, vuelta a Barcelona, vacunas. Una vez
tienes el billete de avión, tu plan de trabajo, tu botiquín, tu
todo, es cuando empiezas a plantearte, ¿adónde voy?
Me enfrento a un país en el que jóvenes hallan su
primer recuerdo en una guerra, que no por acabar
significó la paz. Su fin legitimó la subida al poder de la
derecha más radical. Además, San Salvador, la capital,
es conocida por los muchos terremotos que sufre: en 20
años han acabado con más de 1.000 vidas.

Después de más de 15 horas de vuelo, me planto en un
país que, pese a un panorama poco prometedor, tiene la
oportunidad de emerger. En las últimas elecciones ganó
el periodista Mauricio Funes, del FMLN (partido político
de izquierda, que ha sido la principal fuerza política de
oposición entre 1992 y 2009). Han sido las primeras
elecciones en las que el pueblo se ha lanzado a las calles
y se ha enfrentado a las fuerzas militares para evitar el
fraude. Parece que los medios de comunicación van
a jugar un papel democratizador, dando voz a los que
llevan 20 años con la lengua atada. Y ahí estoy yo, que
de repente me empiezo a encoger, abrumada por este
pequeño país, por esta gente tan cálida y humilde.