Segovia se asienta sobre una
enorme roca abrazada por los ríos
Eresma y Clamores. De raíces celtíberas,
fue conquistada por los
romanos y convertida en una importante base militar.
Fueron ellos los que dejaron para la posteridad el principal
emblema de la ciudad, su acueducto, una joya
de la ingeniería construida en el siglo I para transportar
agua desde 15 kilómetros de distancia, y que funcionó
hasta el siglo xix. Sus 163 arcos, sustentados con sillares
de piedra sin ningún tipo de argamasa, alcanzan
su altura máxima –29 metros– en la Plaza del Azoguejo.
Aquí se encuentra la entrada al casco histórico de
la ciudad, declarado por la Unesco Patrimonio de la
Humanidad, y situado en el interior de una muralla medieval
de tres kilómetros de longitud.

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