Recuerdos del 92
La España de 2007 es distinta de la que vio nacer al Ave de Renfe. Y es que 15 años no pasan en balde.
 
Texto: Manuel Marentes
 

Será muy difícil que se repita en España una secuencia de celebraciones y acontecimientos como la que el país vivió en 1992. La entrada en servicio del Ave, el 21 de abril, puede ser recordada como un hito permanente, como una huella profunda. Porque, al cerrar sus puertas la Expo, apagados sus espectáculos y devaluada su mascota, la ciudad se quedó para siempre con el legado.
Un legado que ha contribuido de manera determinante en la forma de viajar en tren de los españoles. En sus primeros días, el Ave era sinónimo, en la mayoría de los casos, de hombre de negocios; un transporte apto para ejecutivos que iban y venían de Madrid a Sevilla para cerrar acuerdos. Tres lustros después, esto ha cambiado, y el Ave es mucho más accesible a la mujer, y a toda la sociedad en general, convirtiéndose en una variante muy válida al transporte aéreo. Además, los avances en informática y comunicaciones han permitido que el tren se convierta a la vez en medio de transporte y centro de trabajo. Hoy en día, a nadie le resulta extraño encontrarse a alguien trabajando con su ordenador portátil mientras viaja o hablando por el móvil mientras espera llegar a su destino. Cosas impensables en el 92.

Aún hoy, el vídeo que muestra el preciso tiro del arquero Antonio Rebollo, encendiendo el pebetero olímpico en Montjuic, circula por la entonces desconocida Internet, testigo recurrente de un año intenso. Los Juegos de Barcelona fueron, junto con la Expo de Sevilla, los dos acontecimientos centrales de 1992, decisivos para aportar dos millones de visitantes adicionales a la industria turística del país. Por otra parte, la conmemoración del Quinto Centenario daba la excusa para un calendario cultural que mantuvo presente la imagen de España en los medios de comunicación del mundo.

Europa atravesaba un momento delicado en su integración. Tras el Tratado de Maastricht, sufrió el tropezón del primer referéndum danés. Pero, echando la vista atrás, aquello puede verse como un incidente menor en el proceso de unión económica y monetaria; su fruto visible es el euro, que en 2007 ha alcanzado su máximo valor.


La agenda cultural del año estuvo saturada por una programación en la que las instituciones echaron el resto. Los espectáculos cotidianos de La Cartuja y el nuevo teatro de la Maestranza concentraron la atención en Sevilla,
mientras Barcelona redescubría su vocación por el diseño y una cierta vanguardia. En Madrid, ya eclipsada la movida iconoclasta, una capitalidad cultural europea carente de médula vital decepcionó a quienes esperaban otra cosa de un año tan señalado. Bilbao no quería quedarse atrás, y en 1992 encomendó a Frank Gehry el proyecto del Guggenheim, sin el cual no se entendería el aspecto actual de la ciudad.

Las mascotas del año 92

 
 
 
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